El parque de viviendas es el responsable de más del 40% de la energía que se consume en la Unión Europea, seguido de la industria y transporte.
De la energía consumida en edificios, el 50% se sitúa en calefacción y refrigeración, motivo por el cual es uno de los principales objetivos a tratar para cumplir con los principios básicos de sostenibilidad y eficiencia energética fijados por la Unión Europea dentro de la estrategia 20/20/20, reduciendo de esta manera la emisiones de CO2, tal como establece el protocolo de Kyoto.
El nuevo Documento Básico DB-HE «Ahorro de Energía», del Código Técnico de Edificación, establece una serie de exigencias sobre las prestaciones térmicas globales del edificio encaminadas a limitar su consumo, y por lo tanto encaminadas a la obtención de edificios más sostenibles.
La primera de las prioridades es la reducción de la demanda energética, mediante actuaciones en la envolvente del edificio con el fin de mejorar el aislamiento térmico (instalación de un SATE) y reducir las pérdidas tanto en calefacción en invierno como de refrigeración en verano. Una vez reducida la demanda energética al mínimo, la siguiente prioridad es la mejora de la eficiencia de los equipos de refrigeración y calefacción, y por último que la energía utilizada provenga de energías renovables, y minimizar aquellas que procedan de combustibles fósiles.